| María y la escucha de la Palabra divina |
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| Escrito por cct | |
| viernes, 13 de marzo de 2009 | |
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Cuaresma del 2009 Benedicto XVI responde a la pregunta sobre María y la Palabra --Benedicto XVI: Me parece que usted mismo ha respondido a su pregunta. Realmente María es la mujer de la escucha: lo vemos en el encuentro con el ángel y lo volvemos a ver en todas las escenas de su vida, desde las bodas de Caná, hasta la cruz y hasta el día de Pentecostés, cuando estaba en medio de los apóstoles precisamente para acoger al Espíritu. Es el símbolo de la apertura, de la Iglesia que espera la venida del Espíritu Santo. En el momento del anuncio podemos tomar ya la actitud de la escucha -una escucha verdadera, una escucha que interiorizar, que no dice simplemente sí, sino que asimila la Palabra, toma la Palabra- y después seguir con la verdadera obediencia, como si fuese una Palabra interiorizada, es decir, convertida en Palabra en mí y para mí, casi forma de mi vida. Esto me parece muy hermoso: ver esta escucha activa, una escucha que atrae la Palabra de forma que entre y llegue a ser en mí Palabra, reflexionándola y aceptándola en lo íntimo del corazón. Así la Palabra se convierte en encarnación. Lo mismo vemos en el Magníficat. Sabemos que es un tejido hecho de palabras del Antiguo Testamento. Vemos que María es realmente una mujer de escucha, que conocía en su corazón la Escritura. No conocía solo algunos textos, sino que estaba tan identificada con la Palabra que las palabras del Antiguo Testamento se convierten, sintetizadas, en un canto en su corazón y en sus labios. Vemos que su vida estaba penetrada realmente por la Palabra, había entrado en la Palabra, la había asimilado y se había convertido en vida en ella, transformándose de nuevo en Palabra de alabanza y de anuncio de la grandeza de Dios. Me parece que san Lucas, refiriéndose a María, dice al menos tres veces, quizás cuatro veces, que asimiló y conservó la Palabra en el corazón. Era, para los Padres, el modelo de la Iglesia, el modelo del creyente que conserva la Palabra, lleva en sí la Palabra; no sólo la lee, o la interpreta con la inteligencia para saber qué sucedió en aquel tiempo, cuáles son los problemas filológicos. Todo esto es interesante, importante, pero es más importante escuchar la Palabra que se conserva y que se convierte en Palabra en mí, vida en mí y presencia del Señor. Por eso me parece importante el nexo entre mariología y teología de la Palabra, del cual han hablado los padres sinodales y del que hablaremos en el documento post-sinodal. Es obvio: la Virgen es palabra de la escucha, palabra silenciosa, pero también palabra de alabanza, de anuncio, porque la Palabra en la escucha se convierte de nuevo en carne y llega a ser así presencia de la grandeza de Dios. |
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| Modificado el ( viernes, 13 de marzo de 2009 ) |
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