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Santiago Martín: La última aparición de la Virgen, Planeta, 2008, 500 pág, 22 euros.
"Termina una etapa de derroche, de anemia espiritual, de vivir como si Dios no existiera". "Vivimos un fin de época, pero no es el fin del mundo"
MADRILEÑO de 1954, Santiago Martín dirigió la sección de religión de ABC y fundó los Franciscanos de María. En su último libro, pinta una crisis en la que la Iglesia católica parece amenazada de extinción. En clave apocalíptica, quiere transmitir un mensaje animante basado en el agradecimiento. ¿Cuál es el mayor defecto de los católicos españoles? La falta de formación. Está en la base, en la raíz de nuestra fragilidad. Somos fácilmente manipulables, quizá ha sido un catolicismo donde el elemento sentimental, piadoso, ha tenido una fuerza mayor. La mayor parte de los católicos, al no tener formación y vivir en un contexto de agresión permanente, se encuentra muchas veces con la tentación del alejamiento ideológico o afectivo de su Iglesia. ¿Esperamos una solución llovida del cielo?
Toda solución viene del cielo, pero no sin mediación humana, que Dios ha querido desde siempre y de una forma explícita y manifiesta cuando su Hijo se ha hecho Hombre. La Iglesia está asistida por el Espíritu Santo. Por otro lado, el mal se destruye a sí mismo. Es especialista en destruir, pero no puede construir, y lo que construye no tiene consistencia, se autodestruye. En una sociedad basada en el egoísmo no se puede vivir, como no se puede edificar una familia si no hay amor. El hombre necesita un sitio humano donde vivir, no puede vivir en medio de los escombros, de la tensión, del rencor.
Volviendo a la pregunta...
Tenemos que ponernos más las pilas. La certeza de la ayuda divina no debería quitar el compromiso de hacer todo del mejor modo posible. Si el peor defecto ha sido la falta de formación, yo creo que el peor pecado de los católicos españoles es el de la complacencia, la pereza, la falta de unidad, la falta de capacidad asociativa; el "ya tengo bastante con ir a misa"; ese catolicismo del cumplimiento, de los mínimos. Eso no vale nunca y desde luego en nuestra época no vale nada. Un exorcista me dijo que no veía ningún signo del fin del mundo...
Yo creo que estamos, y además lo deseo fervientemente, en un fin de época más que en un fin de los tiempos; en un fin de ciclo. Es una crisis muy profunda, cuyo aspecto externo es económico, pero es una crisis de planteamiento social y moral, de estilos de vida. Será el final de una etapa de derroche, de anemia espiritual. Se ha vivido como si Dios no existiera, y como si no existiera la realidad, que ha sido creada por Dios. La erosión familiar o la falta de respeto a la vida, están relacionadas con la crisis económica. Deseo que sea el final de una etapa y se entre en otro mundo más humano, más justo, más realista, donde la gente no viva por encima de sus posibilidades respecto a la naturaleza y a la realidad de su propia existencia como ser humano. ¿Por qué habría de ayudar Dios a cambiar, si tenemos lo que hemos querido?
Tenemos una parte que hacer para acabar con esta situación. Hay una minoría que está luchando. La Iglesia no está dormida, ni sólo denuncia, sino que intenta construir. Es cierto que hay una mayoría que sestea, eso ha pasado siempre. La cuestión es si sabemos aprovechar la oportunidad que representa la crisis. Si esta lección no se aprovecha, al menos por una parte importante de la sociedad, por ejemplo los jóvenes, entonces esta hora histórica habrá pasado sin dar el resultado apetecido. De un sistema caduco se pasará a otro sistema caduco que durará los años que dure hasta que vuelva a caer y ya veremos entonces si se instaura un sistema menos caduco. ¿Damos por supuesto que merecemos las cosas que tenemos?
El adolescente es alguien que lo quiere todo, lo quiere ya y no le debe nada a nadie. En ese sentido, nuestro mundo es adolescente. Me den lo que me den, todo es poco para mí. Este es el perfil de la mayoría de hombres y mujeres hoy. Una persona madura, en cambio, aprende que en la vida no puedes tenerlo todo. Aprendes a convivir con el color gris, a luchar para que sea lo más blanco posible. Una persona madura sabe que no puede tenerlo todo ya, sino que tiene que ir poco a poco, estableciéndose metas. Y además aprendes que tienes muchas deudas, con tu familia, con tus amigos. Aprendes el valor del agradecimiento. Para mí, enseñar a la gente el agradecimiento es enseñarles a ser feliz, a ver la parte positiva de la vida, y es enseñarles a ser justos. |