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La familia, el refugio de la humanidad Imprimir E-Mail
Escrito por S. Mata   
lunes, 06 de abril de 2009
Imagen de muestraAranguren. La hija del ministro. La Esfera de los Libros.
Madrid, 2009. 512 páginas. 22 euros. LA novena novela de Miguel Aranguren muestra “que la familia es la
institución más asentada y que más estabilidad da. Donde hay
un ambiente familiar estable, siempre hay un momento de redención, de
apaciguamiento o de pura seguridad que da ese tronco familiar a las ramas
que son los hijos”. Para el autor, su primera novela histórica es también la
más lograda desde el punto de vista estilístico.

En su obra, ¿cuenta más la pasión literaria o el mensaje?
El reto literario era poder contar las vicisitudes de una familia monárquica
cuando llega la República, de una forma bonita. Por eso elegí como personaje
y narradora a Elvira Bossana, una adolescente que, en el momento en que por
maduración personal se da cuenta de los aspectos bellos de la vida,
contempla la barbaridad política, una política totalmente desmadrada,
apasionada, por parte de todos los frentes que había en ese momento en
España. La sangre, los seres queridos que desaparecen, los ajusticiamientos,
no le impiden ver la belleza del mundo,  no le impiden vivir una historia de
amor con mucha pasión.
¿Busca la belleza donde otros ven violencia sin sentido?
Elvira Bossana es un trasunto de historias familiares, de refugiados
adolescentes en las embajadas, que encontraban diversión en medio del calor,
del tedio, y pese a todo se inventaban fiestas. La vida continuaba. Muchas
adolescentes sueñan con ser útiles a la causa sobre la que han oído hablar
en casa y la posibilidad de reconfortar a los soldados heridos puede ser un
acto de lucha. Claro que tiene esa lectura positiva, e incluso bonita.

¿Quiere rescatar el pasado o confortar al hombre actual?
Narro una época donde alguien con una visión pesimista de la vida se pegaría
un tiro o desearía haber nacido en otro momento. Y, sin embargo, en ese
paisaje, Elvira Bossana, como narradora, es capaz de contar que lo que hubo
sobre todo fueron grandes obras. Madrid fue ciudad de odios y de amores, de
villanos y de santos. En momentos de tanto odio sucedieron esas historias
sorprendentes que, pasados los años, los decenios y los siglos, serán las
que queden.

¿No le interesa disimular su visión de la historia para captar al lector
ajeno a sus valores?
No. He procurado no ser hiriente. Me refiero exclusivamente a Madrid, que
gracias a la República vivió un primer tiempo esperanzado, y acabó
convirtiéndose en una auténtica refriega. Procuro ser objetivo con lo que
sucedió. No escondo que hubo escaramuzas, y muy apasionadas, por parte de
los falangistas, que respondían y en algunos casos eran los primeros en
lanzar la piedra y después, si no eran los primeros, por lo menos respondían
con las mismas armas y las mismas actitudes a los ajustes de las Juventudes
Socialistas o de los anarquistas.
¿Le ha resultado difícil introducirse en un género como la novela histórica?
He dedicado mucho tiempo a estudiar, he hablado con mucha gente, he leído
mucho, y para mí eso ha sido un acicate. Yo he vivido el final de la
Monarquía, he estado en Palacio, he visto la llegada de la República, he
visto arder Madrid, he visto las sacas, he pasado miedo, he odiado, he
sentido el odio... Para mí eso ha sido un reto.

¿Cómo se puede sentir odio y miedo escribiendo?
Lo más apasionante del oficio de escribir novelas es que tienes que
participar de los padecimientos y de las ilusiones y de las fantasías y de
los miedos de los protagonistas. En mi caso, vistiéndome del personaje.
Elvira Bossana no es un personaje ajeno a mí. Habla en primera persona,
utilizando mi voz, mi pensamiento, mi formación. Llega un momento en que
Elvira Bossana, durante las horas de elaboración de la novela, soy yo. Y,
por tanto, padezco con ella.

“Un amor auténtico, universal y limpio, en lugar de una historia de
probadores de experiencias”
Aranguren dice de su libro que es una historia de amor. “Pero el amor es un
tema manido. ¿Qué puedo contar de novedad? Suelo decir que es un amor
adaptado a la época, que es amor auténtico, universal y limpio. ¿Y eso qué
es? Un chico y una chica que se respetan, se quieren con locura, con pasión,
adivinan la posibilidad de un riesgo inminente que puede romper esa historia
de amor y, sin embargo, saben mantener la distancia del noviazgo. Eso antes
ocurría, era una cosa habitual. Hoy es una novedad que, tal y como lo viven,
asegura a los protagonistas la pervivencia de ese amor en el tiempo. Pueden
decir: Yo a ti no te he utilizado, te he querido”.
“Es un planteamiento novedoso”, asegura el novelista, en contraste con una
imagen del amor que trata de hacer de los jóvenes “probadores de
experiencias, de experiencias. Hasta en el cine salen los arquetipos de la
juventud contando Mentiras y gordas. Presentan la juventud como la edad de
las probaturas, que ya no consisten en fumarse un porro, sino en hacer
tríos, tener una relación homosexual... Mi novela es arriesgada porque
contrapone, a eso, un amor limpio. Para el lector joven será difícil de
entender ese amor, pero estoy convencido, convencidísimo, de que al final de
la novela, querrán, desearán tener un amor así”.
 
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