| Libertad y vida humana |
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| Escrito por S. M. | |
| martes, 14 de abril de 2009 | |
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María Vallejo-Nágera:Mala Tierra. Ciudadela Libros. 264 páginas Vallejo-Nágera (1926-1990), María vuelve con su séptima obra a la senda de la novela biográfica, con la que cosechó su mayor éxito (Un mensajero en la noche, 2003). Mala Tierra relata, trascribiendo entrevistas con sor Anne Sophie Meaney, la historia de una mujer que, sobreponiéndose a una infancia de abusos y a un aborto forzoso, llega a fundar una institución para ayudar a los más necesitados. ¿Se necesitan ejemplos extraordinarios para reaccionar? No es que el mundo necesite estos casos, es que se han dado toda la vida. La clave de sor Anne Sophie no son las violaciones, no es el sufrimiento, que es una cosa horrible, sino la capacidad de darle la vuelta a la tortilla. Podía haber acabado de pandillera, robando, en la prostitución. En vez de eso, ella entregó a Dios todo su dolor. Dijo: “Señor, esta es mi vida, haz de mí lo que quieras”. Y Dios la ha convertido en una bomba de relojería para dar amor a los demás, para ayudar al moribundo, al abandonado. ¿Cómo salir de la indiferencia ante cuestiones como el aborto? Estamos viviendo momentos muy difíciles. Quizá la crisis más grande no sea la económica, sino la falta de amor a la vida. Se ha perdido el respeto a la vida, el respeto a los demás. Todos los días vemos varones que maltratan a sus esposas, que las matan, el tema del aborto es simplemente un coletazo más. ¿Qué está pasando? La violencia se ha disparado de una manera extraordinaria. Yo creo que este tipo de testimonios son importantes porque hacen pensar. Esta mujer ha tenido la peor infancia que se puede tener. Pero si esta persona es capaz de ofrecer todo su dolor a Dios y decir: “No voy a hacer lo que me han hecho a mí”, puede cambiar el mundo. Si hubiera utilizado para hacer el mal esas heridas que se le iban marcando, hubiera sido un monstruo. Pero ha sabido cambiarlo a través de la fe, a través del amor a los demás. Ahí está el fruto. Siempre habrá quien lo llame hipocresía... Mi defensa de la vida es algo que llevo muy clavado dentro, desde muy niña. Siempre voy a estar a favor de la vida. Igual que no entiendo las guerras, los asesinatos. Creo que una vida es lo más importante que existe en la naturaleza, y hay que defenderla desde el primer día hasta que se va de forma natural. Esa es la manera como pienso y lo que defiendo en mi escritura, independientemente de mi religión. Estoy profundamente convencida de esta biología. Hay quien se irrita con todo lo que parezca limitar la libertad... No, yo creo que somos mucho más libres cuanto más defendemos la vida. Cuanto menos defendamos la vida y más defendamos la muerte, seremos mucho menos libres. ¿Qué pasa para que quienes tienen sensibilidad no tengan principios y viceversa? La sociedad del siglo XXI está enferma. Todos nos deberíamos unir y pensar qué estamos haciendo mal. Tenemos que ser muchísimo más tolerantes con las ideas de unos y otros, y consensuar con el sentido común. El tema del aborto, se mire como se mire, es un crimen. Las personas que lo defienden, lo hacen porque no saben lo que están defendiendo. Que vean lo que se hace, que pongan un ecógrafo en el útero a una madre y vean cómo están matando al niño. Y luego si quieren defenderlo, que lo defiendan. En mi cabeza no entra que una persona que haya visto cómo se mata a un niño en el útero lo defienda. Si lo han visto y lo defienden, no serían seres humanos. Por eso es tan peligroso decir que las adolescentes vayan a abortar con 16 años, porque nunca han estado en un quirófano ni ven lo que le hacen al bebé. ¿A quién interesa que no se vea? Detrás del aborto hay un negocio genocida y hay mucha gente forrándose de dinero, y compensa. Es matar a un ser vivo; a un ser humano. Si el gobierno defiende esto, es que no se puede haber dado cuenta. ¿Quién invertiría en evitar abortos, si se pierde dinero? Volvemos a que la sociedad está enferma. Ahora hay un dios que se llama dinero y la gente se rige sólo por el dinero y el poder, es el dios del siglo XXI. La gente tiene mucho miedo a pasar hambre, a no llevar su hijo al mejor colegio. Hemos equivocado los valores. La gente en cuanto tiene un poco de dinero, a comprar el mejor cochazo. El prestigio, es el dios que rige el mundo hoy. Hay un tema clave que no está bien organizado, y es la ley de adopción. Es incomprensible. Tengo amigos que llevan cinco o seis años en lista de espera para adoptar un niño en Madrid y al final tienen que ir a China o la India, cuando aquí se están matando niños. Arreglen la ley, para que estas niñas no maten a sus bebés, para que estas personas que no pueden mantener a sus hijos sepan del caso de la adopción. La protagonista de mi libro dice que nadie le habló de adopción. Ella, que ha sido una mujer maltratada, violada, torturada... dice que si Dios se le apareciera hoy y le dijera que podía cambiar una sola cosa de su vida, ¡una!, diría: “Señor, quítame el aborto”, porque es lo que le ha marcado, lo que la ha dejado rota para el resto de su vida. Y eso que ella está cerca de Dios, lo ha confesado y está luchando, está superando su propio dolor ayudando ahora a que nazcan niños. La ley tiene que ser lo más correcta posible. Es una barbaridad que ocurran esas cosas cuando no hay niños en España. ¿La gente de la calle, cómo puede difundir la cultura de la vida? Cada uno tenemos un don, yo tengo el de la escritura. Otros tendrán el de la oratoria y a lo mejor podrán explicar bien lo que es el aborto. Habrá quien tenga el de entender las leyes. No somos perfectos, no tenemos todos los dones, pero ¡que cada uno utilice el suyo para lo más importante del mundo, que es salvar vidas! Yo tengo fe, soy católica, me importa mucho el día de mañana, cuando yo fallezca. De cara a Dios, me moriría del susto al decirle: “No he hecho todo lo posible por salvar vidas”. Cada persona lo puede hacer desde su pequeño rinconcito. Yo lo hago desde el de la escritura. Una madre de familia, que crea que no tiene dones, ni de pintura, ni de escritura, ni de leyes, da igual: Puede dar muchísimo amor a los que tiene alrededor y hablarles de lo importante que es dar a luz. La persona que me presentó a sor Anne es una humilde granjera de EEUU. No es política, ni economista; no tiene carrera, pero tiene las ideas muy claras y está haciendo un bien tremendo. No hace falta hacer fuegos artificiales, cada uno con su pequeño don tiene que aportar alegría y bienestar a la sociedad. Una sola persona, como sor Anne, ¿puede cambiar el mundo? Sí, ella ya lo está cambiando. Es curioso, porque está ciega frente a sus frutos, pero una persona que esté a su lado como he estado yo, se da cuenta de la cantidad de vidas que giran alrededor de sor Anne. Es impresionante la fe que despierta en la gente y la cantidad de madres que se plantean que lo que tienen en el vientre no es un trozo de células muertas, que es lo que suelen decir a los adolescentes. Desde su pequeño rinconcito en el sur de Texas, ya es conocida en todos los hospitales. La llaman los médicos, creyentes y no creyentes, para que dé consuelo a los moribundos, y les hable del amor de Dios y de la esperanza. La clave está en intentar hacer el bien a pesar de todo el mal que hemos padecido. Tres segundos para una conversión en Medjugorje “Mi vida cambió radicalmente el 9 de mayo de 1999”, dice María Vallejo-Nágera en un vídeo de Youtube sobre su viaje a Medjugorje (Hercegovina). Movida por la curiosidad, iba a escuchar a uno de los videntes. “Y sin saber cómo ni por qué, necesité mirar hacia el cielo. En ese momento que miré para arriba perdí la conciencia del espacio, perdí de vista a mis amigos. Era como si el espacio y el tiempo se hubieran parado. Y en esos tres segundos noté un inmenso amor de Dios. Noté como que un rocío de amor me caía encima y se me clavaba con una fuerza tremenda en el corazón. Yo nunca me había sentido tan amada. Es cierto que soy una mujer muy enamorada de mi familia, de mi marido, pero el amor que yo noté en el corazón era algo que nunca en mi vida había sentido antes. Ni siquiera sabía que podía existir”. |
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