LA BÚSQUEDA DE LA VERDAD Imprimir E-Mail
Escrito por Rafael Alvira   
lunes, 28 de mayo de 2007

La verdad del hombre está, como dice Séneca, en ocupar el lugar para el que ha sido llamado: la naturaleza, dice el filósofo, nos ha destinado un lugar específico. ¿Cuál es? El del ser humano. Todos nacemos siendo hombres, pero tenemos que llegar a ser humanos. Según la Filosofía clásica la verdad se refiere al ser. Ser lo que tenemos que ser: esa es nuestra verdad; y, por el contrario, no haberlo conseguido supone que se ha vivido en la falsedad.

Ocupar el propio sitio significa tener dignidad. Muchas veces se dice: “esa persona es indigna de ocupar tal cargo”. Se puede expresar lo mismo al indicar: “ese no es su sitio”. Es digno quien está en el sitio adecuado a sus capacidades. Y eso no es nada accidental, sino que es de importancia decisiva. 

Ocupar el sitio justo no tiene relevancia sólo para la persona que lo encuentra, sino también para los que están a su alrededor. Las personas que no están en su sitio o están vacías, o son vanidosas, o tienen un malhumor permanente. Esa persona no solamente se daña a sí misma, sino que está dañando a aquellos con quienes se relaciona. De ahí la importancia de acertar con el lugar, pues es en él donde se muestra del modo mejor la conexión existente entre el carácter individual y el carácter social de la persona.

No es verdad que uno se las puede arreglar completamente por sí solo, ni que la propia soledad carezca de influencia social. Y tampoco es verdad que sea lo mismo tener un tipo de sociedad y otro. No es así, porque hay sociedades en las cuales es muy difícil encontrar el propio lugar, y, por tanto, no es fácil vivir en ellas. Por ejemplo, encontrar tu verdad en un ambiente donde impera la mentira no resulta fácil. Lo que quiero subrayar es que no se puede encontrar la propia verdad sin tomar en cuenta la sociedad en que se vive: como, a su vez, la sociedad no puede estar bien configurada si las personas que la forman no intentan hallar su lugar adecuado.

Según una sabiduría antigua y profunda, el ser humano se desarrollo como humano cuando combina sus disposiciones o cualidades con el entrenamiento, con el aprendizaje. Primero ha de intentar descubrir cuáles son las propias disposiciones y, después, esforzarse en el aprendizaje. Cuando se hace eso se está en el buen camino, aparece la eficacia, se alcanza un buen lugar: en el lugar adecuado añades algo a los demás y te añades algo a ti mismo. El ser humano se diferencia de todos los demás seres de este mundo en que continuamente puede añadir algo: es el proceso de humanización. La persona que no es capaz de aprender así no está aprovechando su tiempo y al final quedará por debajo de sí misma, porque no hizo lo que pudo y debió hacer.

Sólo el que aprende puede dar algo a los demás. Y como sólo podemos entregar lo aprendido y sólo aprenderemos lo que amamos, hay que intentar estar en el lugar que nos gusta y, si no es posible, debemos procurar por todos los medios que nos guste el lugar en el que estamos. Ésta es la tarea más difícil, pero es imprescindible para la vida. Y ello porque no cabe resignarse, darse por vencido o acomodarse en la impotencia. El que se resigna no aprende, la resignación es una queja lenta. Estar en algo que nos disgusta es estar perdiendo el tiempo, no añadimos nada, no hay aprendizaje, no estamos siendo buenos. Hay que intentar amar tu sitio aunque requiera de un gran esfuerzo, porque, si no, no es posible encontrar la propia verdad. 

Modificado el ( martes, 04 de marzo de 2008 )
 
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