El futuro del celibato (L'avenir du célibat sacerdotal) Imprimir E-Mail
Escrito por cct   
lunes, 24 de mayo de 2010

 

No   hay imagenLa teología eucarística del celibato

por  Laurent Touze

Laurent Touze, profesor francés de Teología espiritual en la Universidad Pontificia de la Santa Cruz, en Roma, ha publicado en este Año Sacerdotal el libro L'avenir du célibat sacerdotal (El futuro del celibato sacerdotal, n.d.t.) (Parole et Silence/ Lethielleux).    
 

 - Padre Touze, ¿por qué este título? 
 
 
Laurent Touze: ¡Para jugar al profeta de poca monta! Muchos anuncian al menos desde hace décadas que el “próximo papa” hará opcional el celibato, y que el actual (Juan XXIII, Pablo VI, Juan Pablo II y ahora Benedicto XVI) no lo hace porque es demasiado conservador, o presionado por la curia, según dicta la mitología. 
  
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Yo creo que la Iglesia descubre cada vez más el vínculo que une el celibato al sacramento del orden, y que el futuro es más de celib
ato, mejor vivido, de manera más santa. 
  
 
- Usted habla de “vínculo” entre el celibato y el sacramento del orden: ¿a qué se refiere? 
 
 
- Laurent Touze: Pienso en textos como la encíclica Sacerdotalis caelibatus de Pablo VI, o en las exhortaciones apostólicas Pastores dabo vobis del venerable Juan Pablo II y Sacramentum caritatis de Benedicto XVI.   
  
 
Los papas destacan no sólo el vínculo celibato-ministerio, sino que también precisan su naturaleza, afirmando un motivo central para el celibato eclesiástico: el motivo nupcial o eucarístico, es decir, el reflejo sobre la condición sacerdotal de la oblación de Cristo por la Iglesia. 
  
 
Siervo de Cristo esposo, muerto en la cruz-altar de sus bodas con la Iglesia, el sacerdote, específicamente identificado con el Salvador, está llamado a reproducir el sacrificio, también por su celibato. 
  
 
El contexto todavía más claramente eucarístico de Sacramentum caritatis ofrece, en mi opinión, la clave de este motivo. 
  
 
Esta teología eucarística del celibato pone al sacerdote frente al oficio principal de su vocación, la Misa, y le reitera cómo las palabras de la consagración deben modelar su propia oblación para la salud del mundo. 
  
 
El ministro aprende a asociarse interiormente y exteriormente a Jesucristo a quien hace realmente presente, a convertirse públicamente también él en sacerdote y víctima, a vivir como ministro lo que Benedicto XVI llama la “lógica eucarística de la existencia cristiana”. 
 
Modificado el ( jueves, 27 de mayo de 2010 )
 
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