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Escrito por RR
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martes, 06 de noviembre de 2007 |
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Me llena de gozo deciros que he visto el agradecimiento y la alegría de nuestro Padre al llegar la solemnidad de Todos los Santos, que hoy celebramos. También se removía meditando con frecuencia el himno a la Cruz que se atribuye al Apóstol San Andrés, cuya fiesta es el día 30. Entre las dos fechas se sitúan otras conmemoraciones, que pueden servirnos para acompasar nuestra vida espiritual al ritmo que nos marca la Iglesia en la liturgia, rememorando el consejo de San Josemaría a propósito de que nuestra oración debe ser litúrgica (cfr. San Josemaría, Camino, n. 86). En la solemnidad de hoy, consideremos con gratitud la Comunión de los Santos: uno de los artículos de fe que profesamos en el Credo. La Iglesia triunfante, purgante y militante —la única Iglesia fundada por Cristo, en los diversos estados en los que se encuentra actualmente— se nos hace muy presente en esta fecha. Meditemos con frecuencia esta verdad tan consoladora: «Los santos no son una exigua casta de elegidos, sino una muchedumbre innumerable, hacia la que la liturgia nos exhorta hoy a elevar nuestra mirada. En esa muchedumbre no sólo están los santos reconocidos de forma oficial, sino también los bautizados de todas las épocas y naciones, que se han esforzado por cumplir con amor y fidelidad la voluntad divina. De gran parte de ellos no conocemos ni el rostro ni el nombre, pero con los ojos de la fe los vemos resplandecer, como astros llenos de gloria, en el firmamento de Dios» (Benedicto XVI, Homilía, 1-XI-2006).
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Modificado el ( martes, 06 de noviembre de 2007 )
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